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jueves, 18 de julio de 2013

LIBRO XXXVII De la Historia Natural de Plinio El Viejo

                                          

LIBRO XXXVII
De la Historia Natural de Plinio El Viejo

(8)IV. [1] La piedra que se muestra de Polycrates está intacta y sin tocarse. Mucho después del tiempo del príncipe, Ismenias, parece que se comenzó a grabar las esmeraldas. Se confirma esta opinión, por un edicto de Alejandro Magno (VII, 38) en que ningún otro que Pigorteles, el más inteligente, probablemente en este arte, de labrar su retrato en piedra, luego después de Pigorteles, Apolónides y Cronius trabajaron excelentemente, así como Dioscorides que grabó de  manera muy similar la efigie del divino Augusto, que luego los emperadores emplean esta efigie como sello.
(9) [2] El dictador Sila tradicionalmente sellaba con un sello que representa la prisión de Yugurta. Los autores informan de que a Intercatia (III, 4, 10) a cuyo padre mató  Scipion Emiliano  después en un desafío, empleaba un sello donde estaba representada esta lucha. De ahí la broma del pregonero Stilon que preguntaba: ¿Qué debía hacer Intercatia en caso de que su padre hubiera matado a Scipion? (10) El divino Augusto, al principio, sellaba con una esfinge. Había encontrado dos perfectamente similares entre los anillos de su madre. Durante las guerras civiles sus amigos que trabajan en su ausencia, con una de la esfinges sellaban  las cartas y decretos que las circunstancias necesarias para dar su nombre, y hubo los que dijeron que  la esfinge en vez de espíritu  les trajo enigmas. Y la rana de Mecenas gran terror daba por el levantamiento de los impuestos. Luego para evitar los sarcasmos de la esfinge, tomó un sello con la figura de Alejandro Magno.

V. (11) [1] Una colección de piedras fue nombrada (con peregrino nombre dactiloteca). La primera que hubo en Roma fue una de Scaurus (XXXVI, 24, 10), yerno de Sila. En mucho tiempo no hubo ninguna otra, hasta que el gran Pompeyo consagró en el Capitolio, entre otros regalos, del rey Mitrídatess, de acuerdo con Marcus Terentius Varro y otros autores de la época, la cual aventajó con creces la de Scaurus. Imitando este ejemplo, el dictador César consagró seis dactilotecas en el templo de Venus Genetrix, y Marcelo, el hijo de Octavia, una en el templo de Apolo Palatino.